Más de doscientas personas se dieron cita en la penúltima actuación de la séptima edición del Festival de Música y Patrimonio que organiza la Comarca Hoya de Huesca para descubrir toda la versatilidad y gama de sonoridades y timbres del órgano de la Colegiata de Santa María la Mayor de Bolea.

El organista Jesús Gonzalo López ofreció en la tormentosa tarde del viernes un concierto que transitó desde lo más delicado hasta la fuerza atronadora de las batallas en el penúltimo concierto de la séptima edición del Festival de Música y Patrimonio EnClaves. Esta es la primera vez en que la música para órgano tiene un espacio en la programación de este ciclo que organiza la Comarca Hoya de Huesca|Plana de Uesca. Para ello contó con uno de los grandes intérpretes españoles que, además, es no sólo un destacado investigador sino un extraordinario divulgador, como hizo gala en el concierto.

El concierto daba inicio en torno a las 20:30 horas con una iglesia que completaba prácticamente todas las plazas disponibles. Jesús Gonzalo reivindicaba los órganos altoaragoneses, agradecía a la organización del festival la iniciativa y explicaba el contenido de las piezas que iba a interpretar. En tres bloques sonoros, Jesús Gonzalo fue desarrollando e in crescendo la diversidad cromática y el poder sonoro del órgano de Bolea, cuyo último restaurador se encontraba presente entre el público, el maestro organero José Antonio Pérez Añaños, jubilado desde 2007.

Con la colaboración a la percusión de amigos músicos de la zona, entre los que se encontraba Juan Gracia Jos, el concierto arrancó con una ilación de piezas de sonoridades estimulantes que presentaron la vis más delicada y sensible del órgano.

A lo largo de una hora la interpretación de Jesús Delgado fue creciendo en intensidad hasta concluir con unas atronadoras batallas que ponían de manifiesto todo el poder del instrumento. Los aplausos obtenidos arrancaron una propina musical al concertista que, para finalizar y como explicó el propio organista, interpretó una pieza de salida que invitaba al público a ir abandonando el templo, recordando los antiguos usos y costumbres de la música para órgano que seguía sonando hasta que la iglesia quedaba vacía.

El espectáculo, que integró también a la atmósfera lumínica de la colegiata, había sido planteado como una exposición didáctica de las voces del órgano y de su capacidad expresiva. “De flautados a clarines” supuso un breve compendio del potencial de un instrumento señorial que, como destacó Jesús Gonzalo, merece mayor presencia en la programación musical aragonesa y en las intervenciones de restauración patrimonial.

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