Ibieca, 19 de julio de 2025. A las afueras de Ibieca, en pleno paisaje agrícola, se alza la iglesia de San Miguel de Foces, declarada Monumento Nacional en 1916. Este templo del siglo XIII, de transición entre el románico y el gótico, sorprende tanto por su arquitectura como por su valioso conjunto de pinturas murales del siglo XIV, que representan escenas bíblicas y funerarias en un vivo estilo gótico lineal.
En este entorno cargado de historia, el cuarteto vocal Chiavette regresó a EnClaves con el programa Guerreros y aragoneses. María Sala, Esmeralda Jiménez, Javier Ares y Mariano Valdezate ofrecieron un repertorio en tres partes: villanescas espirituales de Francisco Guerrero, madrigales y canciones del mismo compositor y, por último, tonos humanos y villancicos de autores vinculados a Aragón.
El concierto se abrió con las villanescas espirituales publicadas por Guerrero en 1589, donde lo profano se transforma en plegaria. Estas piezas combinan momentos homofónicos con un elaborado contrapunto imitativo, que Chiavette abordó con claridad, equilibrio y sensibilidad. Destacó especialmente Acaba de matarme, de profunda carga emocional.
La segunda parte, aunque de temática más humana, mantuvo la misma exigencia técnica. Obras como Prado verde y florido u Ojos claros, serenos, esta última basada en el célebre poema renacentista, mostraron la faceta más lírica de Guerrero, con colores vocales más cálidos. Tras la interpretación de Prado verde y florido, se escuchó un espontáneo “¡bravo!” del público. La ovación más cerrada llegó con Adiós, verde ribera.
La tercera sección del programa se adentró en repertorios del primer barroco aragonés, con tonos humanos y villancicos de Sebastián Alfonso, Fray Manuel Correa y Pablo Bruna. Estas obras, muchas rescatadas de archivos históricos, presentaban estructuras más cercanas a la música popular: coplas con estribillos, bajos ostinatos, polirritmias y recursos armónicos más audaces. Las interpretaron combinando el contrapunto severo con un cierto aire contemporáneo.
A lo largo del concierto, los cuatro intérpretes recitaron en voz alta fragmentos de algunos de los textos, como en Ojos claros, serenos o Zagalejos, que es cosa y cosa, reforzando el carácter poético de las obras. Además, el contratenor Javier Ares introdujo cada uno de los bloques explicando sus características y contexto, lo que ayudó a enmarcar la escucha y a conectar con el público desde la palabra.
Con el público en pie, Chiavette ofreció un bis que puso broche final a un concierto perfecto en la ermita de San Miguel de Foces. Escuchando algunas de las piezas, no era difícil imaginarse en otro siglo, cuando esas mismas voces, con otros timbres y nombres, podrían haber resonado entre los muros de este mismo templo.





















